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  • Txema Morales

URBAN SMILE

Actualizado: 16 jun

ACTO SEGUNDO

Photo by Hanna Auramenka

Creo que nuestros despertadores suenan justo en el mismo instante. Debemos tener una rutina muy parecida. De alguna forma estamos sincronizados, porque prácticamente todos los días coincidimos en el ascensor.

Pero desde hace unas semanas algo ha cambiado. Ya ha desaparecido el “Buenos días” mecánico. Ya no se pierden las miradas buscando puntos muertos.

Cuando se abre la puerta me encuentro su sonrisa sincera, real. Los buenos días van seguidos de un: ¿Cómo estás? Hay una breve charla. Puedo sentir que en ese ascensor ya no bajan solo unos desconocidos.

Nos despedimos en el portal, y camino rápidamente hacia el Taxi.


Photo by Yurii Hlei

ACTO TERCERO

Siempre a la misma hora. Puntual. Siempre que entraba en mi Taxi pronunciaba un escuálido ”Buenos días”, la dirección de su despacho, y un “¿Qué le debo?” al final.

Pero desde hace unas semanas algo ha cambiado. Ya no es un trayecto donde el ruido del tráfico lo ocupa todo. Ya no me hace sentir invisible.

En cuanto abre la puerta noto que se siente reconfortada de poder conversar durante ese rato. Puedo sentir que en ese coche ya no se sienta solo una clienta.

Nos despedimos, y pienso en el descanso que haré después.

Photo by Mak_jp

ACTO CUARTO

Hace su descanso sobre media mañana. Suele pedir su café y su medio bocadillo de atún, y ojea el periódico. Pasa las hojas sin dedicarles una atención especial. Acaba y paga al mismo tiempo que deja ir un “Hasta luego”.

Pero desde hace unas semanas algo ha cambiado. Ya no quiere tomar siempre lo mismo. Ya no hunde sus pesares en la tinta impresa.

Cuando abre la puerta del bar entra saludando. Se sienta, y da un vistazo a las grandes letras del diario para luego comentarlas conmigo. Puedo sentir que en ese taburete ya no hay solo un bulto.

Salimos juntos del bar; una última frase, y me dirijo raudo a mi consulta.

Photo by cottonbro


ACTO QUINTO

Regresa a la consulta después de su pequeño paréntesis. Le espera una lista de pacientes interminable. Le explicaremos todas nuestros problemas. Nos oirá pacientemente y nos contestará con voz neutra.

Pero desde hace unas semanas algo ha cambiado. Ya no es mecánico. Ya no es rutinario.

Cuando me hace pasar me mira, me escucha. No obtengo respuestas aprendidas. Conversamos. Puedo sentir que ya no es solo un terapeuta.

Salgo de la consulta, y vuelvo a mi vida.





ACTO PRIMERO

No sentía ningún avance. Las mismas visitas al psicólogo una vez a la semana. La misma rutina, encontrándome con la misma compañía cada mañana en el ascensor.

Pero desde hace unas semanas decidí que se había acabado, solo podía hacer una cosa diferente, solo una, sonreír. Y es lo que hice.

En cuanto se abrieron las puertas de aquel ascensor. Sonreí.


by Txema Morales. Escritor y Coach. Historia escrita para Ataronxia Rones & Barman Urbano.

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