RECUERDOS DIGITALES
- Txema Morales
- 26 ene 2024
- 2 Min. de lectura
HabÃa decidido hacer limpieza del repositorio de sus videos y fotos en el repositorio digital. Ocupaban mucho espacio y no querÃa seguir guardando instantáneas de momentos que ya parecÃan las vivencias de otra persona.
Le hicieron gracia unas cuantas instantáneas. Sobre todo unas suyas de hacÃa un par de décadas. Se reconocÃa, pero no del todo. Aún asà seguÃa emitiendo el mismo tipo de juicio que en sus capturas actuales, definitivamente no se gustaba.

Justo al llegar al final, y después de pararse en bastantes ocasiones para sorprenderse, encontró las últimas fotografÃas que le habÃan hecho a su padre con vida. Durante el dÃa de Reyes, tres dÃas antes de su fallecimiento.
Recordaba que habÃa hecho un esfuerzo muy grande para poder salir del hospital, después de semanas ingresado, con el cáncer consumiendo sus últimas energÃas. Pero querÃa estar, por encima de todo, con sus hijos y nietos en la comida familiar.
Las imágenes no dejaban lugar a dudas de su estado de salud. Pero una foto, resaltaba entre el resto. En ella, su padre, miraba directamente a la cámara, o a quién la sostenÃa, le miraba a él.Â
Su mirada era terriblemente profunda, y su rostro, su expresión, reflejaban un cansancio que iba más allá de lo comprensible. Realizaba un esfuerzo titánico por aferrarse a la vida, por estar presente, pero habÃa gastado sus últimas energÃas durante la comida. Ahora, sentado en el sofá, no podÃa más que rendirse a la evidencia de que la vida le estaba abandonando, y en cierta medida sus ojos expresaban abatimiento, miedo, confusión.
Algo se quebró dentro, en ese preciso momento, mientras la contemplaba. Estaba viendo a un ser desolado. A un niño asustado, temeroso. Una criatura, un niño, de 67 años que aún buscaba consuelo. Perdido. Desorientado.
Sintió una punzada. Su orgullo nunca le habÃa permitido acogerlo. Le echaba en cara todos los errores, todas las faltas, todos los malos dÃas. No habÃa querido perdonarle. No lo habÃa deseado. HabÃa sido una buena excusa para no avanzar en la vida, para no hacerse dueño de ella. Su padre habÃa sido la excusa perfecta de su gris y mediocre vida.
Ya no se encontraba en ese punto. Después del fallecimiento, se habÃa tenido que responsabilizar de su devenir. Llegó el dÃa en el que se le acabaron las excusas.
Ahora, esa foto, era la prueba de su egoÃsmo, de su falta de compasión, de su nulo agradecimiento.Â
La tristeza lo inundó. DesearÃa poder abrazarlo, consolarlo, cuidarlo. DesearÃa haber podido superar las barreras que los separaban y compartir parte de sus vidas. DesearÃa decirle que lo echaba de menos.
No puede. Las personas y los momentos solo existen una única vez.
Borró las fotos. Ya no necesitaba ese recuerdo. En cierta medida, hacÃa un tiempo que habÃan hecho las paces a su manera.
by Txema Morales. Escritor y Coach.
Photo @andreapiacquadio_
